¿Por qué siempre terminamos creyendo que los que pensamos somos los menos? Como si en ese hecho de ser todos la misma especie, de ser incluso una misma raza, no viniera incorporado un elemento unificador, una condición que asegurara en todos esa hermosísima capacidad de plantearse de forma crítica los diversos asuntos que son concernientes a la esencia misma de la tierra y del ser humano. No estoy postulando una idea en particular. Sólo parto de unas sensaciones y de una dudas. De cosas que son terriblemente ciertas, y que no se pueden ocultar con la idea de que aquí no hay grandes diferencias entre unos y otros, cosa que se intenta hacer seguro por el miedo de que nos involucremos en nuevas guerras. Por eso los juicios absolutistas son vistos con demasiada sospecha. Pero, no nos desviemos. Quien lea esto (que si lo lee es porque pertenece al tipo de persona que, independiente de cualquier diferencia ulterior, está incluida en el somos por partir del hecho de encontrar interesante una lectura de tipo reflexivo) sabrá a qué impresión me refiero. A no verse reflejado en los intereses del gran público. A considerarse en oposición a una gran cantidad de gente que mira con sospecha al intelectual, que ve de manera peyorativa el discurso elaborado y glorifica la conducta uniforme. Esta distinción no existe, por supuesto, de una única y absoluta manera. Ni tampoco quiero ejemplificarla como la relación de oposición entre el ser superior y el inferior. Esas son categorías cuya existencia tampoco niego, pero en la que tienen que verse muchísimos matices, y que, en la medida de lo posible, es conveniente ahorrárselas. No hay, por supuesto, ninguna manera, ni ninguna intención, de medir el aprovechamiento de la capacidad analítica y contemplativa, aparentemente intrínseca al ser humano, en cada individuo. Pruebas cualitativas como el Test IQ pueden terminar revelando más bien poco en ese sentido, en especial porque la inteligencia del ser humano es muy variopinta, porque también hay que pensar en valores como la curiosidad, los niveles de conformidad, y esas cuestiones en combinación con lo diversa que puede ser la experiencia cultural, nos brindan un panorama bastante complejo. Lo interesante es que es esa misma complejidad del ser humano lo que el sistema de pensamiento dominante parece querer aniquilar, limitar o ignorar (tenemos desde nuestra composición genética el ‘’ regalo de la singularidad ‘’, como nos lo recuerda Greg Graffin en su manifiesto Punk), y por eso los pocos que quedan a un lado con las herramientas para preguntarse, criticar y originar nuevos significados, pueden terminar mirando a la ‘’ masa ‘’, como se ha hecho desde tiempos remotos, no necesariamente con odio o tristeza, como esa fusión de entes conformes, incoloros y atolondrados. No importa quién está bien o quién está mal, en cada lado hay satisfacción por el lugar que se ocupa. El Blog miscelaneo se sitúa del lado de los que reflexionan, de los que construyen e interpretan significados, con la certeza de que al menos se está siendo consecuente con una pulsión que apunta al conocimiento y al reconocimiento de todo cuanto puede caber en el imaginario del ser humano. ¿Tenemos una capacidad extra, quizá heredada genéticamente, o simplemente, por alguna casualidad, usamos de manera distinta algo que es común a todos? No nos importa. De pronto, como suele pasar, sea un poco de todo.
sábado, 11 de octubre de 2008
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