
Lo masculino y lo femenino son a éstas alturas construcciones bastante dudosas, y, entre otros aspectos que de esto son evidencia, hay que decir que en sí mismas ya no definen una orientación sexual única y rígida. No se trata de la homosexualidad, una situación de reminiscencias milenarias. La concepción clásica de ésta, en la que un ser humano, mujer ó hombre, por la causa que sea, adopta actitudes características del género opuesto, en algunos casos de forma exagerada, y muestra atracción romántica exclusiva por individuos del mismo, no trae ninguna sorpresa si se compara con la sexualidad ‘’ normal ‘’ y ‘’ correcta ‘’. Por decirlo de alguna manera un poco tosca, es lo mismo pero al revés.
El superhit Pop del año, interpretado por la norteamericana Katy Perry, y cuyo pegajoso coro dice «Besé a una chica y me gustó», no es ni oda ni reivindicación del lesbianismo, y en últimas tiene tan poco que ver con él que no sería raro que alguna lesbiana lo considerara más una ofensa que un posible tributo. Pero a Carolina, estudiante de artes visuales de diecisiete años, sí le funciona como himno, y con orgullo pone la frase como mensaje personal cuando se conecta al Messenger, y dice «La verdad es que a mi las nenas no me desagradan, y tengo varias amigas lesbianas, así que a veces les da por ponerse a joderme, y cuando me joden así, pues lleve… la última vez que lo hice fue muy rico, en un baño (de la universidad) estábamos medio prendas y medio fumadas, cagadas de la risa, y la nena es relinda conmigo, y me coge y lleve». Como Katy Perry, Carolina ‘’ espera que a su novio no le importe ‘’. Desde su condición de heteroflexible, éste tipo de eventos no se convierten para ella en algo trascendente de ninguna manera. Empezando por el hecho de que casi siempre ocurren con amigas, y ante necesidades como ayudarle a la mejor de ellas, a la que le dice ‘’ hermana ‘’, a ensayar y perfeccionar la técnica del beso. Sus relaciones, las serias y las no tan serias, son con hombres, y un beso con una chica lo toma como algo inocente e inocuo. No puede ni siquiera ser calificado como infidelidad.
La socióloga Laura Essig, quien acuñó el término a principios de la década, cree que la heteroflexibilidad podría marcar el final de la hegemonía heterosexual. No hay que olvidar que la orientación sexual entendida como gradaciones del gris, y no como blanco o negro, fue vislumbrada por el revolucionario doctor del sexo, Alfred Kinsey, quien a mediados del siglo pasado propuso que la orientación de cada individuo podría ubicarse en alguno de los valores comprendidos entre una escala del 0 al 6, lo cual daría cabida a la existencia de Homoflexibles, además de un valor x para los asexuales.
Para Milena, estudiante de secundaria de quince años, la cosa fue más allá. No sólo besó a una chica, sino que la amó. Ese amor le costó haber sido echada del colegio Nuestra señora de la misericordia. A diferencia del sonado caso del colegio en Manizales, en éste sus compañeras hasta intentaron hacer una huelga de no estudio para presionar su reintegro, cosa que jamás ocurrió. «Dijeron que no era el sitio para nosotras. Supongo que sí existía la posibilidad de apelar, pero cuando llamaron a mi mamá a decirle eso, tampoco ayudó mucho, solamente daba pedal. En realidad, a ella la llamaron un jueves y le dijeron que estaba citada, entonces el viernes me preguntó por qué. Como estaba citada para el lunes, en el transcurso del fin de semana le conté todo. Le di la sorpresa. Me dijo que me quería como fuera y que tenía que pensar bien las cosas ». Debió resignarse a atrasarse un año y ahora está en un colegio mucho más liberal pero tiene un novio, al que conoció allí. «Yo creo que soy bisexual, pero igual no me gusta encasillarme y decir soy esto, soy aquello, sólo pienso que soy una persona a la que le gustan las personas y ya, pero pues bisexual sería el término adecuado».
Catherine que tiene diecisiete años, también se considera bisexual. Pero su situación reviste diferencias. Para ella existe la posibilidad de una decisión. Dice que es de las que piensa que ‘’ todos somos bisexuales hasta cierta edad o por la forma de crianza‘’. Y ‘’ Pienso que soy bisexual puesto que no he tenido muchas relaciones con chicos y veo la belleza de una forma algo diferente ‘’. Insiste en que ha optado por etiquetarse como bisexual, para ahorrarse malentendidos, y de esa forma simplificar toda una serie de procesos psico-afectivos. Dice que se hizo bisexual por ‘’ falta de cariño ‘’:
«Tenía quince años, y estaba con gran depresión. Siempre he sido bastante introvertida. Por esos días conocí a una pelada, era bastante mayor. Me hice amiga de ella. Desde el principio me gustó, me parecía hermosa, me gustaba porque cuando la veía yo decía ‘quiero ser así’. Y un día de puro impulso, aunque pensaba que ella era normal, me le lancé y le di un beso. Por unos segundos me quedé sin saber qué hacer, pensando que tal vez la había cagado, el corazón me latía rapidísimo, era una emoción extraña. Me miró sorprendida, preguntó por qué lo había hecho. Sólo le dije que por eso, porque simplemente me habían dado ganas. Entonces ella me tomó la cara y me dijo ‘ eres muy bonita, tú también me gustas ‘ y nos besamos más. Le gustaba todo lo que tenía que ver con el arte y eso fue lo que más me gustó de ella. Era muy detallista, me demostraba su cariño pero sin que los demás se dieran cuenta y eso me encantó, porque no me gusta andar dando espectáculos. Me consentía mucho y entendía muchas cosas, le encantaban mis historias ».
Lucrecia: un caso especial.
«Mucha gente tiene la idea de la bisexualidad como ‘’ ah, en realidad es un homosexual que está tratando de ocultarlo‘’, pero no es así. Yo sé que a mí me gustan los hombres y me gustan las mujeres por igual ». Lucrecia estudió desde Kinder hasta que se graduó, en un colegio femenino. «Yo recuerdo que a mí me regañaban muchísimo en el colegio porque yo siempre perseguía a mis compañeras a besarlas; pero es una etapa normal en todos los niños, yo lo he visto. Lo que pasa es que los niños normalmente crecen en un ambiente más abierto, mixto, entonces hay de dónde escoger. En cambio estudiando sólo con mujeres queda como difícil. Esa parte fue el detonante, lo que me dio a mí para decir ‘’ me gustan las mujeres ‘’. Pero luego, al salir más al mundo exterior, ver otros ambientes, conocer hombres, conocer mujeres, me di cuenta de que también me gustaban los hombres. Y entonces tuve relaciones con mujeres y tuve relaciones con hombres ». Respecto al tipo de pensamiento, bastante común, que le atribuye al modelo de colegio femenino o masculino, toda la responsabilidad, toma distancia. «Yo creo que si hubiera estudiado desde siempre en un colegio mixto habría sido lo mismo, sólo que tal vez no habría pasado por el proceso de primero pensar que me gustaban sólo las mujeres y darme cuenta después que también me gustaban los hombres»
Con respecto a la respuesta del entorno: «Mi familia grande, aunque no se puede decir que sea conservadora sí es bastante homofóbica. Mi núcleo familiar es raro, porque mi papá es muy abierto, él acepta las diferentes orientaciones sexuales, y… mi mamá no, ella sí es más homofóbica, y ella fue la primera en enterarse. Para ella fue un proceso difícil, porque aparte la persona con la que yo estaba en ese momento era mucho mayor que yo. Ella me lleva nueve años. Entonces mi mama decía que ‘’ no, que me estaba pervirtiendo ‘’. Pero al final tuvo que aceptarlo. Aunque igual ni mi papá ni mi mamá me asumen del todo como bisexual o como lesbiana, pero igual respetan, y ese es el primer paso. Y el resto de mi familia, no lo saben, y si lo saben, lo ocultan muy bien». Para Lucrecia, desde muy niña, le fue difícil entender el tema de la discriminación, y por qué alguien se preocupaba en juzgar a otra persona sólo porque a esta le gustara un hombre o una mujer, y que intentara calificarlo en términos de ‘’ está bien o está mal ‘’. Siempre vio su orientación, y los cambios que esta podía sufrir, con total normalidad. Nada de sentimientos de culpa, ni problemas de autoestima. «Yo soy de las partidarias de que todos los seres humanos somos bisexuales por naturaleza. Creo que, obviamente, hay que tomar en cuenta la parte sociocultural de la persona, pero no es lo que prima. Yo creo que hay momentos de la vida en que estamos más allegados o tenemos más sentimientos hacia personas del mismo sexo o del sexo opuesto; pasa cuando uno está pequeño, que tiende a tener lazos más fuertes con personas del mismo sexo. Creo que la bisexualidad es algo muy profundo, y muy normal, que habita en el ser humano, pero que no tiene que estar demostrándose siempre»
Lucrecia lleva el pelo más o menos corto y le fascina la literatura, leerla y hacerla. Le gusta música como el Rock gótico, el metal, y la música experimental, y la forma como suele vestir, prendas oscuras, camisas de cuadros, faldas, zapatos converse, y ornamentos de cuero y pinchos, entre otros, revelan una identidad particular, amalgamada. Como parte ese espíritu que manifiesta que el ser humano, más que hombre o mujer, es un alma que puede amar a otra alma, dice que prefiere los seres andróginos, los que como ella han roto la barrera de los roles clásicos, pero que no descartaría enamorarse del tipo camionero, o de la niña superfresa.
«También es cierto que por esa misma razón de que la cultura se haya abierto, ahora parece que se puso de moda ser gay, o se puso de moda ser bisexual. Me parece ridículo cuando una niña de 12 o 13 años dice ‘’ es que yo soy lesbiana ‘’. Y que uno ve a las amigas y dicen ‘’ ay, sí, es que yo soy lesbiana, ¡mira a mi novia! ‘’. Y eso es algo así como mostrar la rebeldía, como ‘’ ay, como a mis papás no les gusta, como no es lo normal en la sociedad adulta, entonces yo también voy a hacerlo ‘’. Aunque, por otro lado, esa etapa de experimentación también, en cierta forma, es buena, porque puede que en la madurez uno diga ‘’ yo tan bobo por qué hacia esto, por qué pensaba así ‘’».
Por ejemplo, Renata, una joven de dieciocho años, que tiene una relación estable con un chico actualmente, y para quien los encuentros de tipo erótico con otra mujer no han pasado del ejercicio imaginativo, opina: « Yo creo que sí le haría a otra mujer, no sé si una relación seria, pero sí sexual. Las mujeres, en términos de pensamiento reproductivo y puramente instintivo, no nos guiamos por lo físico de la misma manera que los hombres...pero...no sé, a mí personalmente me parecería interesante porque estar con otra mujer es casi como estar conmigo misma. Es una proyección externa de mí, entonces eso sería más egocéntrico que cualquier otra cosa». Mientras tanto, en el exterior de una iglesia en los Estados unidos, han puesto un cartel que, motivado por la exitosa canción de Katy Perry, dice: Besé a una chica y me gustó, y luego me fui al infierno.
FIN *****
El superhit Pop del año, interpretado por la norteamericana Katy Perry, y cuyo pegajoso coro dice «Besé a una chica y me gustó», no es ni oda ni reivindicación del lesbianismo, y en últimas tiene tan poco que ver con él que no sería raro que alguna lesbiana lo considerara más una ofensa que un posible tributo. Pero a Carolina, estudiante de artes visuales de diecisiete años, sí le funciona como himno, y con orgullo pone la frase como mensaje personal cuando se conecta al Messenger, y dice «La verdad es que a mi las nenas no me desagradan, y tengo varias amigas lesbianas, así que a veces les da por ponerse a joderme, y cuando me joden así, pues lleve… la última vez que lo hice fue muy rico, en un baño (de la universidad) estábamos medio prendas y medio fumadas, cagadas de la risa, y la nena es relinda conmigo, y me coge y lleve». Como Katy Perry, Carolina ‘’ espera que a su novio no le importe ‘’. Desde su condición de heteroflexible, éste tipo de eventos no se convierten para ella en algo trascendente de ninguna manera. Empezando por el hecho de que casi siempre ocurren con amigas, y ante necesidades como ayudarle a la mejor de ellas, a la que le dice ‘’ hermana ‘’, a ensayar y perfeccionar la técnica del beso. Sus relaciones, las serias y las no tan serias, son con hombres, y un beso con una chica lo toma como algo inocente e inocuo. No puede ni siquiera ser calificado como infidelidad.
La socióloga Laura Essig, quien acuñó el término a principios de la década, cree que la heteroflexibilidad podría marcar el final de la hegemonía heterosexual. No hay que olvidar que la orientación sexual entendida como gradaciones del gris, y no como blanco o negro, fue vislumbrada por el revolucionario doctor del sexo, Alfred Kinsey, quien a mediados del siglo pasado propuso que la orientación de cada individuo podría ubicarse en alguno de los valores comprendidos entre una escala del 0 al 6, lo cual daría cabida a la existencia de Homoflexibles, además de un valor x para los asexuales.
Para Milena, estudiante de secundaria de quince años, la cosa fue más allá. No sólo besó a una chica, sino que la amó. Ese amor le costó haber sido echada del colegio Nuestra señora de la misericordia. A diferencia del sonado caso del colegio en Manizales, en éste sus compañeras hasta intentaron hacer una huelga de no estudio para presionar su reintegro, cosa que jamás ocurrió. «Dijeron que no era el sitio para nosotras. Supongo que sí existía la posibilidad de apelar, pero cuando llamaron a mi mamá a decirle eso, tampoco ayudó mucho, solamente daba pedal. En realidad, a ella la llamaron un jueves y le dijeron que estaba citada, entonces el viernes me preguntó por qué. Como estaba citada para el lunes, en el transcurso del fin de semana le conté todo. Le di la sorpresa. Me dijo que me quería como fuera y que tenía que pensar bien las cosas ». Debió resignarse a atrasarse un año y ahora está en un colegio mucho más liberal pero tiene un novio, al que conoció allí. «Yo creo que soy bisexual, pero igual no me gusta encasillarme y decir soy esto, soy aquello, sólo pienso que soy una persona a la que le gustan las personas y ya, pero pues bisexual sería el término adecuado».
Catherine que tiene diecisiete años, también se considera bisexual. Pero su situación reviste diferencias. Para ella existe la posibilidad de una decisión. Dice que es de las que piensa que ‘’ todos somos bisexuales hasta cierta edad o por la forma de crianza‘’. Y ‘’ Pienso que soy bisexual puesto que no he tenido muchas relaciones con chicos y veo la belleza de una forma algo diferente ‘’. Insiste en que ha optado por etiquetarse como bisexual, para ahorrarse malentendidos, y de esa forma simplificar toda una serie de procesos psico-afectivos. Dice que se hizo bisexual por ‘’ falta de cariño ‘’:
«Tenía quince años, y estaba con gran depresión. Siempre he sido bastante introvertida. Por esos días conocí a una pelada, era bastante mayor. Me hice amiga de ella. Desde el principio me gustó, me parecía hermosa, me gustaba porque cuando la veía yo decía ‘quiero ser así’. Y un día de puro impulso, aunque pensaba que ella era normal, me le lancé y le di un beso. Por unos segundos me quedé sin saber qué hacer, pensando que tal vez la había cagado, el corazón me latía rapidísimo, era una emoción extraña. Me miró sorprendida, preguntó por qué lo había hecho. Sólo le dije que por eso, porque simplemente me habían dado ganas. Entonces ella me tomó la cara y me dijo ‘ eres muy bonita, tú también me gustas ‘ y nos besamos más. Le gustaba todo lo que tenía que ver con el arte y eso fue lo que más me gustó de ella. Era muy detallista, me demostraba su cariño pero sin que los demás se dieran cuenta y eso me encantó, porque no me gusta andar dando espectáculos. Me consentía mucho y entendía muchas cosas, le encantaban mis historias ».
Lucrecia: un caso especial.
«Mucha gente tiene la idea de la bisexualidad como ‘’ ah, en realidad es un homosexual que está tratando de ocultarlo‘’, pero no es así. Yo sé que a mí me gustan los hombres y me gustan las mujeres por igual ». Lucrecia estudió desde Kinder hasta que se graduó, en un colegio femenino. «Yo recuerdo que a mí me regañaban muchísimo en el colegio porque yo siempre perseguía a mis compañeras a besarlas; pero es una etapa normal en todos los niños, yo lo he visto. Lo que pasa es que los niños normalmente crecen en un ambiente más abierto, mixto, entonces hay de dónde escoger. En cambio estudiando sólo con mujeres queda como difícil. Esa parte fue el detonante, lo que me dio a mí para decir ‘’ me gustan las mujeres ‘’. Pero luego, al salir más al mundo exterior, ver otros ambientes, conocer hombres, conocer mujeres, me di cuenta de que también me gustaban los hombres. Y entonces tuve relaciones con mujeres y tuve relaciones con hombres ». Respecto al tipo de pensamiento, bastante común, que le atribuye al modelo de colegio femenino o masculino, toda la responsabilidad, toma distancia. «Yo creo que si hubiera estudiado desde siempre en un colegio mixto habría sido lo mismo, sólo que tal vez no habría pasado por el proceso de primero pensar que me gustaban sólo las mujeres y darme cuenta después que también me gustaban los hombres»
Con respecto a la respuesta del entorno: «Mi familia grande, aunque no se puede decir que sea conservadora sí es bastante homofóbica. Mi núcleo familiar es raro, porque mi papá es muy abierto, él acepta las diferentes orientaciones sexuales, y… mi mamá no, ella sí es más homofóbica, y ella fue la primera en enterarse. Para ella fue un proceso difícil, porque aparte la persona con la que yo estaba en ese momento era mucho mayor que yo. Ella me lleva nueve años. Entonces mi mama decía que ‘’ no, que me estaba pervirtiendo ‘’. Pero al final tuvo que aceptarlo. Aunque igual ni mi papá ni mi mamá me asumen del todo como bisexual o como lesbiana, pero igual respetan, y ese es el primer paso. Y el resto de mi familia, no lo saben, y si lo saben, lo ocultan muy bien». Para Lucrecia, desde muy niña, le fue difícil entender el tema de la discriminación, y por qué alguien se preocupaba en juzgar a otra persona sólo porque a esta le gustara un hombre o una mujer, y que intentara calificarlo en términos de ‘’ está bien o está mal ‘’. Siempre vio su orientación, y los cambios que esta podía sufrir, con total normalidad. Nada de sentimientos de culpa, ni problemas de autoestima. «Yo soy de las partidarias de que todos los seres humanos somos bisexuales por naturaleza. Creo que, obviamente, hay que tomar en cuenta la parte sociocultural de la persona, pero no es lo que prima. Yo creo que hay momentos de la vida en que estamos más allegados o tenemos más sentimientos hacia personas del mismo sexo o del sexo opuesto; pasa cuando uno está pequeño, que tiende a tener lazos más fuertes con personas del mismo sexo. Creo que la bisexualidad es algo muy profundo, y muy normal, que habita en el ser humano, pero que no tiene que estar demostrándose siempre»
Lucrecia lleva el pelo más o menos corto y le fascina la literatura, leerla y hacerla. Le gusta música como el Rock gótico, el metal, y la música experimental, y la forma como suele vestir, prendas oscuras, camisas de cuadros, faldas, zapatos converse, y ornamentos de cuero y pinchos, entre otros, revelan una identidad particular, amalgamada. Como parte ese espíritu que manifiesta que el ser humano, más que hombre o mujer, es un alma que puede amar a otra alma, dice que prefiere los seres andróginos, los que como ella han roto la barrera de los roles clásicos, pero que no descartaría enamorarse del tipo camionero, o de la niña superfresa.
«También es cierto que por esa misma razón de que la cultura se haya abierto, ahora parece que se puso de moda ser gay, o se puso de moda ser bisexual. Me parece ridículo cuando una niña de 12 o 13 años dice ‘’ es que yo soy lesbiana ‘’. Y que uno ve a las amigas y dicen ‘’ ay, sí, es que yo soy lesbiana, ¡mira a mi novia! ‘’. Y eso es algo así como mostrar la rebeldía, como ‘’ ay, como a mis papás no les gusta, como no es lo normal en la sociedad adulta, entonces yo también voy a hacerlo ‘’. Aunque, por otro lado, esa etapa de experimentación también, en cierta forma, es buena, porque puede que en la madurez uno diga ‘’ yo tan bobo por qué hacia esto, por qué pensaba así ‘’».
Por ejemplo, Renata, una joven de dieciocho años, que tiene una relación estable con un chico actualmente, y para quien los encuentros de tipo erótico con otra mujer no han pasado del ejercicio imaginativo, opina: « Yo creo que sí le haría a otra mujer, no sé si una relación seria, pero sí sexual. Las mujeres, en términos de pensamiento reproductivo y puramente instintivo, no nos guiamos por lo físico de la misma manera que los hombres...pero...no sé, a mí personalmente me parecería interesante porque estar con otra mujer es casi como estar conmigo misma. Es una proyección externa de mí, entonces eso sería más egocéntrico que cualquier otra cosa». Mientras tanto, en el exterior de una iglesia en los Estados unidos, han puesto un cartel que, motivado por la exitosa canción de Katy Perry, dice: Besé a una chica y me gustó, y luego me fui al infierno.
FIN *****