Si volvemos a la definición de locura como simple disociación de aquellas posiciones o conductas consideradas correctas o pertinentes, uno bien puede hacerse una idea de por qué en la actualidad el calificativo ‘’ loco ‘’ es usado con tanta frecuencia en muy diversas situaciones sin que esto, en la mayor parte de las casos, esté representado ningún tipo de alarma ante un peligro inminente. Las cacerías de Brujas y las naves de los locos pueden seguir existiendo, pero obviamente nada es como en la edad media, y muchos de los comportamientos desviados, desconcertantes, novedosos y subversivos consiguieron con el tiempo justificarse a ellos mismos y hacerse parte de la diversidad cultural de la que nos enaltecemos. Esto es cierto, a medias. ‘’ Loco ‘’ hasta nuestros días conservó su significado original, e introdujo algunos nuevos con un cariz mucho más positivo, como parte de esa ‘’ locura ‘’ con que se pueden identificar los tiempos modernos, lo que aportaron las vanguardias artísticas, el crecimiento del anticlericalismo, el Hippismo, los estimulantes de todo tipo, la revolución Punk, los deportes extremos o las nuevas tecnologías. Eso por un lado. Pero, por el otro, hay que decir que gracias a los avances en las ciencias del cuerpo y de la mente, se nos ha abierto hoy en día un inmenso abanico de pequeños delirios que ni nos mandan a las naves de los locos, ni corresponden a un reconfortante sentimiento de creernos posmodernos, y que no nos dejarán en paz.
Por eso hoy en día hay que decir, siendo consecuentes con la retórica mediática que se precia de ser joven y dinámica, que desafortunadamente habitan en nuestras ciudades algunos principios de locura No Cool. Porque todos sabemos que la gran mayoría del público tiene bastante miedo de llegar a ser considerado en un momento, Desequilibrado, extraño, perturbado o excéntrico. Y si no, pregúntense por qué existe ahora ese desaforado culto a la uniformidad - ante el cual la publicidad de Sprite poco ha podido hacer. Ante ésta situación, el bipolarismo se convierte en una actitud, o una condición, más que digna de sospecha. Con ella se suele asociar a esos entes escurridizos, cuyas capacidades creativas o de pensamiento no se niegan, que difícilmente llegan a vincularse con total éxito en un nicho social, salvo si es quizá uno compuesto por ‘’ tocados ‘’ como él. El Profesor Michael Harris, graduado en Psicología cristiana de la universidad de Alabama, opina « Debemos considerar el hecho de que el síndrome bipolar representa una interesante forma de anarquía mental, es caos que hace al doliente sufrir por su propia incapacidad de mantener un equilibrio de sus emociones y sentimientos. Esto no es normal, y no es la manera como Dios dispuso la psique humana. Sin duda hay algo de diabólico es esto, y bien podríamos pensarlo en relación con la inversión de los valores esenciales de la existencia, tal como ocurre en la figura del Baphomet ».
La existencia de algo llamado (TAB) Trastorno afectivo bipolar se ha hecho del dominio público, pero las estadísticas sólo ubican aproximadamente al 2,6% de la población dentro de las variantes de éste trastorno. No obstante se asegura que estas cifras deben ser vistas con recelo, puesto que los criterios para incluir a las personas en éstas clasificaciones, y las clasificaciones en sí, están en constante revisión. De cualquier manera, es un problema que afecta a una porción pequeña de la población, y eso marca una tendencia importante, y es la de que estas personas sean vistas como bichos raros. En especial cuando dentro de los trastornos comórbidos del síndrome bipolar se encuentren, entre muchos otros, los de personalidad y el de la fobia social.
La fobia social es, como será fácil de predecir, un problema mayor que sólo hablar de bipolaridad. En los casos en que el bipolar sea capaz de llevar su carga de una forma más o menos digna, lo cual implica ocultar, disimular, o fingir, tendrá serias posibilidades de tener fructíferas relaciones de intercambio con el resto de humanos, esa gran mayoría que es emocionalmente compensada. Esto, para el 53% de los bipolares que, según las estadísticas, no presentan fobia social. ¿Qué será de los demás? La relación entre los estados de ánimo que fluctúan radicalmente y la experimentación de miedo/repulsión hacia los congéneres, para quien ha vivido tal situación, la ha visto en otros, o tiene una capacidad imaginativa decente, resulta más que comprensible. Ambas son formas de locura en un mundo donde la gente necesita alcoholizarse o drogarse para dizque sentirse distinto, ido, envolverse en carruseles emocionales, y espera que los sociópatas sólo aparezcan en las películas, y reírse de los diálogos freakys que estos tienen con sus alteregos, pero jamás que se aparezca en alguna de sus reuniones sociales.
Lo bueno para usted, ciudadano convencional, es que el mundo se ha hecho tan rígido en sus protocolos, tan cuadriculado, que le permitirá saber con relativa facilidad cuando tenga cerca a alguno de éstos perturbados. Lo cierto es que las variantes a la conducta normativa presentan aspectos cada vez más originales, y por lo menos nos ayudan a escaparnos un poco del aburrimiento que representa éste paisaje urbano plagado de fotocopias andantes.
viernes, 28 de noviembre de 2008
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